¿Cómo se llaman (en realidad)?
Extracto de Angéologie pratique
Aparte de Miguel, Gabriel y Rafael, que se mencionan explícitamente en la Biblia, los demás arcángeles y ángeles parecen caer en un anonimato validado por una Iglesia que parece condenar abiertamente la piedad que inspiran. Esto sin contar con la cábala cristiana, que los rebautizará según los 72 «soplos» de la cábala judía.
Poco a poco, los nombres se convierten en genios y luego en ángeles, dotados de cualidades particulares que influyen en la naturaleza de los humanos nacidos bajo su «radio de acción». Es más, se diferencian porque la terminación de los nombres se ha impuesto poco a poco como un buen indicador para distinguir a los ángeles «femeninos» de los «masculinos». Estos últimos tendrían un nombre que terminaría en «-el» (Jeliel, Aniel, Lecabel), mientras que los primeros se repartirían los nombres que terminan en «-iah» (Pahaliah, Seheiah, Mumiah). Sin embargo, además de que estas terminaciones significan la palabra «Dios», no pertenecen específicamente a ningún género, ni masculino ni femenino.
Así, resulta curioso constatar que, en cierto modo, los 72 ángeles tal y como los conocemos hoy en día son una invención de los cabalistas por diversas razones.
Por último, añadamos que los arcángeles principales —cuyo aspecto relativamente viril es indiscutible— tienen un nombre que termina en «-el». ¡Parece, pues, comúnmente admitido que este sufijo es decididamente masculino!
Este extracto está tomado del libro Angéologie pratique, disponible aquí.